Esta obra de videoarte y fotografía conceptual, creada durante el confinamiento, es una poderosa y distópica metáfora visual sobre la paranoia, el aislamiento y el miedo al contagio provocados por la pandemia.
En la pieza, MK aparece con el torso descubierto aparece en medio de un entorno boscoso portando una máscara de gas y un tocado ceremonial elaborado con materiales reciclados. La manguera de su máscara no se conecta a un tanque de oxígeno artificial, sino que se introduce directamente en la cavidad de un árbol vivo, buscando extraer de él aire puro. Mientras que la imagen fija utiliza colores psicodélicos, saturados y un efecto de interferencia digital (glitch) que acentúa la alienación tecnológica, el video complementa la experiencia sumergiendo al espectador en una atmósfera sombría donde el sonido claustrofóbico de una respiración agitada transmite la ansiedad y el trauma del encierro.
En su conjunto, la obra simboliza la transformación del aire exterior en una amenaza invisible y letal. Al mismo tiempo, plantea una reconciliación forzada con la naturaleza, presentándola como el último refugio de vida y supervivencia para el ser humano. El uso de materiales reciclados en el tocado subraya una respuesta resiliente ante la crisis, transformando la escasez y los desechos cotidianos en una armadura de identidad y protección espiritual ante la incertidumbre del mundo exterior.

